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Detrás de un aspecto
lánguido, casi infantil, se esconde una mujer muy sensual. La
tenista brasileña Vanessa Menga, quien lograra la medalla dorada
en los Juegos Olímpicos de Winnipeg, Canadá, allá por 1999, y
que actualmente ocupa el puesto número 264 en el ranking mundial
de la WTA, no lucirá con su juego, pero sí con su casi perfecta
figura. Vanessa se quitó el uniforme de tenista y decidió posar,
tal como Dios la trajo al mundo, para la edición brasileña de
la revista Playboy. Es la chica-tapa de febrero ocupa veinte páginas
interiores mostrando "al natural" unos hermosos ojos verdes, su
1,73 metro de estatura, sus 85 centímetros de busto, los 63 de
cintura y los 90 de cadera. A los 24 años, esta fenomenal "garota",
se convirtió en noticia más por lo hecho fuera que dentro de una
cancha. En 1997 estuvo a punto de ser "comprada" por un comerciante
marroquí, quien pretendió desembolsar 40.000 dólares para llevarla
a su palacio. Vanessa decidió rechazar de plano la oferta porque
"no me gustan las propuestas indecentes". Ahora decidió posar
para Playboy en una mansión de San Pablo, su ciudad natal, donde
confesó, entre toma y toma, que el uniforme de las tenistas se
ha convertido últimamente en "uno de los máximos fetiches históricos
del mundo deportivo". Vanessa sostiene que "cuando nos agachamos,
siempre hay alguien intentando ver nuestras bombachitas, nuestras
colas. Y hay personas que llegan a quedarse pálidas al seguir
los movimientos que hacemos para sacar las pelotas de nuestros
bolsillos".
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